La draenei siguió con su paseo por el puerto de Stormwind. Ya faltaban pocas horas para que su barco levara anclas, pero su compañero no aparecía. Tampoco era ninguna sorpresa, Sigfreid nunca se había caracterizado por su puntualidad.

Bâstet, ¿quieres venir aquí? Me pones los pelos de punta cada vez que haces “eso” -Mäggno, el enano paladín, le increpó desde el puerto de embarque.

Lo siento, me apetecía remojarme las pezuñas, las tengo destrozadas de tanto tiempo estando de pie…

Bâstet, chamana desde su más tierna infancia, subió las escaleras que permitían acceder al embarcadero a los despistados que caían al agua y dió por finalizado su paseo sobre las aguas del puerto.

¿No recuerdas lo que pasó la última vez? -le recordó el paladín- ¡Te despistaste tanto que se terminó tu conjuro de caminar sobre el agua y estuviste una semana con catarro! Siempre estás en la luna.

-dijo la chamana visiblemente enfadada1.

Eh…bueno, ¿sabes si va a tardar mucho Sigfreid? El barco partirá enseguida -cualquier ocasión era buena para cambiar de tema.

No. -el tono era tan seco, que hizo que el nivel del mar descendiera unos centímetros- Que venga cuando quiera.

Como si de una señal se hubiera tratado, el guerrero cruzó el arco que separaba la ciudad del puerto en cuanto Bâstet dijo aquellas palabras.

¡¡¡YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEH!!! ¡¡¡YA ESTOY!!! -cuando Sigfreid llegaba a un sitio, se aseguraba que medio Azeroth estuviera al corriente de ello.

No veáis como estaba el metro, siento haberos hecho esperar…por cierto, deberíais haber visto al gnomo perroflauta que estaba pasando la gorra, ha intentado tocar “Desde gnomeregan con amor” con la flauta girognométrica y ha saltado por los aires un vagón entero.

A medida que Sigfreid se acercaba a ellos, Bâstet y Mäggno fueron mirándolo con más interes, como el que se acerca a un cuadro abstracto y entorna la mirada intentando encontrar aquello que les permita decir -“Ah, así que es esto“.

Uuuuh…Sigfreid, cielo…te noto un poco…¿brillante? -dijo Bâstet.

Sí, estás muy…redondeado. Demonios, si pareces un puto muñeco de cera, que asco -le informó Mäggno.

Ya, bueno. He tenido que darme una ducha rápida al viejo estilo enano, ya sabéis. -confesó el guerrero mientras su nariz relucía bajo el Sol.

No. No quiero saberlo -sentenció el paladín.

Una voz se escuchó desde el barco, por el tono podría decirse que era el capitán2.

¡Pasajeros para Northrend, suban al barco!

Justo a tiempo. Vamos a embarcar. -Mäggno se dirigió al barco, arrastrando tras de si un par de toneladas de equipaje3. Sigfreid iba detrás llevando su mochila y petate.

Oye -le susurró Bâstet a Sigfreid- tienes que darme la marca de leche hidratante que usas…


1– La expresión de una mujer en un silencio prolongado, es comparable al efecto de un conjuro de polimorfar lanzado por un Titan sobre un murloc en el centro del Maelstrom. Aterrador.
2– En Azeroth, el modo de diferenciar los rangos siempre ha sido por su voz. El que más gritaba, tenía el mando. Sigfreid era confundido a menudo con un mariscal de campo, por lo menos.
3– Mäggno tenía tal afición a las armaduras pesadas, que era el ser pluricelular cuya rama evolutiva estaba más próxima al tanque de vapor. Más de una vez se ha visto obligado a apartar de malas maneras a ingenieros armados con llaves del 15 que afirmaban que “Sólo querían hacerle una revisión”.
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