Es…¿un ojo de cristal? -señaló Mäggno, no sin cierto asco.
Eso parece -confirmó Sigfreid- ¡Pero es enorme! ¡Ni un ogro tendría un ojo de este tamaño!
Sigfreid cogió el ojo de entre los restos del cofre1 que Mäggno había rescatado minutos antes. El ojo estaba frío al tacto, y por extraño que pareciera, estaba intacto: no se podía apreciar ni un rasguño o corte en su superficie cristalina.
Bâstet entró en el camarote, ella, al contrario que los enanos, no tenía la imperiosa necesidad de abrir todos los cofres que se cruzaban en su camino2, pero sí sentía curiosidad3 por su contenido.

He oído el hachazo…¿ya lo habéis abierto? –preguntó.
Sí, sí…pero…sólo tenía esto: un ojo de cristal tamaño Gruul, ¿lo tiramos o qué? Me da bastante mala espina…
¡NO! ¡Es mío!
Que rata eres, coño –el guerrero dio un puntapié a uno de los trozos del destrozado cofre- ¿bajamos a cenar, al menos?
¡Ah, sí! Que he escuchado que hoy Zreed, el cocinero, ha preparado “Pastel sorpresa de carne
Que bien…supongo que la sorpresa será encontrar algo de carne en el pastel. La verdad que Zreed raciona demasiado la comida, la pata de cordero de ayer venía sin guarnición
Y sin cordero –puntualizó Mäggno mientras guardaba su recién adquirido tesoro entre la inmensidad de su equipaje4y yo que pensaba que aquello no era nuestra cena, sino que se habían olvidado limpiar el plato…ya podrían cuidarnos un poco más, copón, que somos héroes.
Bueno, menos quejarse y vamos a cenar…o a intentar encontrar la cena en el plato, al menos.
Mientras los tres aventureros se dirigían a la cantina, el barco zozobró ligeramente, tan ligeramente que nadie le dio mayor importancia, exceptuando a un par de elfos nocturnos, a los que se les cayeron unas monedas al suelo y estuvieron dos horas discutiendo cual de los dos se agachaba a recogerla.

Un *pop* sonó tras unos cajones de la cubierta. Y luego un sonido reptante y desagradable se dirigió al interior del barco. Y luego otro *pop*, y luego muchos otros…todos seguidos del sonido reptante. Sólo uno de esos sonidos destacaba sobre el resto: el de un par de piernecitas nerviosas que no podían parar de dar saltitos…

Menudo meneo, ¿eh? -Sigfreid se asomó por un ojo de buey, asegurándose de que no venía una racha de mal tiempo, y no pudo evitar sorprenderse al ver que una tormenta se estaba formando justo encima de su barco.
-respondió Bâstet- espero que nadie se haya hecho na… -la chamán enmudeció- …¿escucháis ese ruido? Creo que viene de cubierta -mientras decía estas palabras, comenzó a lanzar un conjuro…
Sin siquiera responder, los dos enanos subieron las escaleras que llevaban al exterior, su ritmo aceleró cuando advirtieron los gritos de algunos marineros. La draenei, convertida en lobo espiritual, les adelantó en breve.
Una helada salpicadura de agua de mar recibió a los aventureros una vez subieron a cubierta, aquello pareció ser el saludo de bienvenida de Northrend. Sin embargo, ni Bâstet, ni Mäggno, ni Sigfreid se percataron de ello, sus ojos estaban fijos en el Armaggedon particual que hubo comenzando en El Kraken.

Docenas de monstruosidades escamosas se deslizaban entre los marineros y héroes que habían en el barco, cortando con sus afiladas hojas a todo aquel suficientemente incauto como para no haber subido armado y preparado para un abordaje. Personas como Sigfreid, que tenía la fea costumbre de no ir armado a los sitios cuando era más necesario.
¡¡¡NAGAAAAAAAS!!! ¡NOS ATACAA..ARGHHH! – un descuidado grumete intentó alertar al resto del barco, por desgracia la tormenta impedía que la tripulación pudiera escucharle6, . Sin embargo, aquel grito sirvió para llamar la atención de una naga del tamaño de un kodo, que le propinó un golpe de mandoble que le partió, literalmente, en dos.
¡Tenemos que ayudar! -gritó Mäggno mientras cargaba- ¡Por Khaz’Modan! ¡¡¡Yaaaargh!!!
La chamán contempló el espectáculo de casi trescientos kilos de enano y metal cargando en batalla mientras ella abandonaba su forma de lobo espectral- Bueno, voy a echarle una mano -con un gesto de su mano, Bâstet invocó un tótem, y luego otro, y otro, y otro más. Finalmente, empezó a reunir el agua que salpicaba a su alrededor en cuatro esferas acuosas, que comenzaron a dar vueltas a su alrededor-Ten cuidado, ¿ vale?
El guerrero se giró sobre si mismo varias veces, como asegurándose de que ninguna de sus armas habían tenido la feliz idea de aparecer en aquel justo instante a su lado- Bien… -masculló- …tendré que improvisar…otra vez…
Y sin otra cosa mejor que hacer, Sigfreid cargó a la batalla.









1– El hacha incrustada en el suelo junto a la cerradura era la prueba empírica de que el método de apertura “Loabropormissantoshuevos” seguía funcionando tan bien como el primer día.
2– En el caso de los enanos, su camino es el que les lleva a los cofres.
3– Algunos escépticos pensarán que la curiosidad es más peligrosa que la avaricia, pero se equivocan: la estupidez es todavía más peligrosa.
4– Nadie sabía como lo hacía, pero parecía que Mäggno era el único en poder encontrar cualquier cosa de su equipaje como su estuviera arriba del todo. Si se lo propusiera, podría intentar sacar el propio fondo de su equipaje y producir una paradoja espacial, por fortuna sus votos de paladín le impide intervenir en el continuo espacio-tiempo5.
5– Excepto si tenía que viajar a las Cavernas del tiempo, el Vuelo de Bronce tenía muchas influencias…
6– Y por desgracia la mayoría no se alertó al escuchar que una tormenta antinatural se hubo formado en apenas unos segundos sobre sus cabezas, pues estaban ocupados en actividades tan productivas como, por ejemplo, ver quien era capaz de vaciar antes las botellas de licor.

Anuncios