El olor metálico de la sangre, el sonido de la carne y huesos desgarrándose, junto a los gritos de la batalla, se apoderó de la cubierta de El Kraken.

Con gran osadía, los Naga habían abordado el buque insignia de la Alianza, cargado con los mejores héroes de aquella facción, pero el luchar en el mar concedía una gran ventaja a los malvados seres reptilianos. Era como una pelea entre alumnos y profesores, en circunstancias normales los adultos tenían las de ganar, pero los chicos sabían donde los profesores aparcaban sus coches.

Por fortuna chamanes como Bâstet y también algunos brujos que se encontraban entre los defensores, lanzaban conjuros de respiración subacuática a todos los aventureros que podían, así podrían luchar sin miedo a caer al mar y ahogarse1.

Mäggno, por su parte, se movía con soltura entre aquella masacre y golpeaba con su arma sagrada a todos los enemigos de su alrededor, obligándoles a centrar su atención en él y agrupándolos en el centro de la nave, que era donde las Naga perdían su ventaja.

Sigfreid mantenía una pelea a puño desnudo contra una bruja Naga. La bruja era muy escurridiza, por lo que el guerrero apenas pudo impactarle un par de veces; además la piel de la Naga era dura como el metal y , ni con su piel convertida en piedra, Sigfreid era capaz de dañarla. Necesitaba un arma que pudiera dañar la piel de aquellos monstruos…

Es necesario realizar un pequeño inciso para explicar el funcionamiento de la mente de un guerrero, de un verdadero guerrero cuyo único objetivo es vencer a sus enemigos.

Por ejemplo, en combate la mente de un paladín está llena de estrictas reglas de conducta, por lo que su mente funcionará como un reloj.

Un pícaro necesita conocer como reaccionar a cada segundo antes, durante y después de cada combate, sin margen de error, por lo que su mente funciona como un puzle donde todas y cada una de las piezas deben encajar.

La mente, por llamarla de algún modo, de un guerrero en la batalla era como una piedra intentando salir a flote de un lago: por el momento intentaba hacer fuerza hacia alguna dirección que no fuera hacia abajo y luego ya vería lo que pasa.

Y Sigfreid miró la punta de la cola serpentina de la bruja Naga, sumó dos y dos, sonrió y vio dolor. Mucho dolor.

En el estribor del barco, una esfera de negra oscuridad se deslizó lentamente entre los combatientes y se posó junto donde Mäggno estaba resistiendo el ataque de las Nagas. La esfera implosionó y, un segundo después, explotó en forma de elfa nocturna hecha de pura sombra.

Con una expresión fría y vacía, la elfa lanzó un conjuro a una de las Naga, la cual se encontraba en el centro del grupo. La elfa quedó con los ojos en blanco y la Naga que había recibido el conjuro perdió unos segundos la conciencia…cuando despertó, la mirada de la extraña elfa parecía haberse trasladado a los ojos maliciosos de la criatura.

La Naga comenzó a atacar a sus propios compañeros, hiriendo de muerte a una de ellas. Confusos por aquella traición, el resto de Nagas la mataron inmediatamente…pero otra de ellas pareció perder el conocimiento y atacó a sus antiguos camaradas, y luego otra…y otra…Fue entonces cuando una pequeña bola de fuego impactó contra la elfa de sombras, haciéndole perder la concentración, y con ella, su conjuro de Control Mental.

Un pequeño diablillo había estado observando todo el combate desde la seguridad que le proporcionaban unas cajas amontonadas en cubierta, pero parecía que había decidido atacar a la Sacerdote, pues comenzaba a causar muchos problemas a los asaltantes.

¡Elfa piojosa! ¡Deja de robar la mente a mis secuazes! -gritó con voz chillona e irritante3

Shhhh…Dekrin, déjame esto a mí -la femenina voz no parecia provenir de ninguna parte, como si todos los presentes pudieran escuchar esa voz directamente en su mente.

Una figura sombría, y que ocultaba su aspecto con una pesada túnica de cuero, surgió repentinamente al lado del demonio, el cual es encogió y buscó protección tras ella. Con un gesto de mano, aquella mujer hizo que todos los defensores del barco quedaran inmovilizados.Algunos de ellos parecían resistirse, pero apenas eran capaces de hablar.

¿Q…qué nos has hecho? -consiguió decir Mäggno.

Oh, un conjuro de parálisis mental. Y ahora, esbirros, matadlos.

¿Pa-ráli…sis mental? -insistió el paladín

Sí… -respondió la mujer con voz cansada- …cuanto más intentéis libraros, más forzaréis vuestra mente y menos podréis moveros. Y ahora…

Oh…o sea…¿cuanto más racional seam…os, peor para nosot…ros?

Eh…técnicamente sí y…oye, ¿porqué estás sonrie…? -un grito llamó la atención de aquella figura femenina, al girarse lo único que consiguió ver es el cuerpo inerte de una Naga que se dirigía a toda velocidad contra ella.

Con un golpe sordo, la hechicera cayó al mar, impulsada por el golpe que acababa de recibir de Sigfreid. Todos los aventureros recuperaron el control de sus cuerpos al instante. Con los ojos en blanco y algunos restos de baba en su barba, el guerrero gruñía mientras sujetaba por la cola su improvisada arma.

Dekrin, el diablillo, dió un gritito asustado y se lanzó al mar a buscar a su maestra, las Naga supervivientes hicieron lo propio.

Arg…estos bichos pesan más de lo que parece -dijo Sigfreid al soltar a la Naga que le había servido tan bien de arma- ¿Estáis todos bien?

Algunos murmullos sonaron entre la multitud, por fortuna las bajas no habían sido muy numerosas. Aunque seguramente los héroes tendrían que realizar tareas en el barco si querían llegar a Northrend, pues había perecido un gran grupo de marineros.

Hombre Sigfreid, Mäggno, Bâstet…cuanto tiempo -la sacerdotisa élfica que hubo luchado en la batalla recuperó su forma habitual y las sombras de su alrededor se disiparon. Parecía incluso que su caracter se había vuelto más alegre.

Hey Farajade, ¿tú también vienes a Northrend? Creía que te quedarías en Stormwind con Chronia.

Ya…¿tú nunca has compartido casa con ella, verdad?

Y entre charlas y anécdotas, los cuatro aventureros fueron a la cantina a refrescarse con buena cerveza, ya faltaba poco para llegar al helado continente…

1– Otro asunto era como volver a subir al barco, pero…¿qué sería la vida sin esos emocionantes detalles de última hora?2

2– La respuesta es: una vida más larga.

3– Los diablillos eran considerados al equivalente demoniaco de un pequeño Yorkshire hiperactivo. Aunque claro está que la mayoría de los perros no pueden lanzar bolas de fuego.

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