Aquí os dejo el relato que envié al concurso de elfosmancos, donde Sigfreid acompaña a Darnea por su tierra natal: las montañas de Dun Morogh.
¡Y felicidades a Denrir, por ganar el premio!
 
“En las montañas de Dun Morogh, el frío podía helar hasta la sangre de las venas.
 
Sigfreid trotaba por las escarpadas montañas de la zona con su carnero ligero. Podría haber usado a Medianoche, su montura más preciada, pero no quería que la energía vil de sus pezuñas contaminara aquella nieve tan pura que le vio crecer. Además que no había nada mejor que un carneo para moverse entre aquellos peligrosos riscos.

Diablos, ¿dónde estará esta chiquilla? -El enano mascaba ansiosamente Hojaplata mientras buscaba a su compañera, Darnea, una joven draenei cazadora a la que conoció hace unos meses, durante la fiesta de El Jardín Noble celebrada en Forjaz.

Darnea era todavía una aventurera joven e inexperta, por lo que le buscó la ayuda de Sigfreid, uno de los pocos enanos con el que había establecido suficiente confianza desde su llegada a Forjaz, para una cacería de lobos que le hubo encomendado Kehgen Picotormenta, jefe de la patrulla de montaraces de Dun Morogh. Por lo visto, se habían detectado asaltos en repetidas ocasiones a algunas caravanas que llevaban suministros a la avanzada de Birras, cosa que los enanos no podían permitirse tras los incidentes de Gnomeregan, pues Birras se trataba en aquel momento de la avanzada más próxima a la antigua ciudad gnómica.

-¡Darnea! ¿Dónde te has metido?

-¡Estoy aquí Sigfreid! – la voz de la cazadora surgió del otro lado de una pequeña colina nevada. Sigfreid se acercó a ella.

-¿Qué haces aquí? ¿No habíamos quedado en la taberna Cebatruenos? -el tono del guerrero tenía más de curiosidad que de reproche.

-Ya, pero es que Zarpas ha visto un conejo y…se ha lanzado a…¡ah! ¡ya viene!

Zarpas, el oso de Darnea se aproximó a su dueña con un trote rítmico y un pequeño conejo entre sus mandíbulas. Parecía satisfecho.

-Deberías alimentar mejor a tu mascota, Darnea.

-No me digas como cuidar a mi Zarpitas, ¿vale? Ve si quieres a la taberna, ahora te alcanzo.

-Hmph…nos vemos allí pues -y dichas estas palabras, Sigfreid espoleó a su carnero dirección sur, a Kharanos.

Mientras la silueta de Sigfreid se perdía en el horizonte, Darnea le dio un fuerte abrazo a su compañero de viajes y le acarició con una mano detrás de la oreja, mientras con la otra le rascaba la barbilla.

-Venga tragón, en cuanto termines nos vamos.

 

La pequeña ciudad de Kharanos era conocida por todos aquellos que se preciaran a si mismos amantes de la buena cerveza enana, pues en ella se encontraba la destilería Cebatruenos, donde se elaboraba la auténtica Cebatruenos de Dun Morogh.

Sigfreid se acercó al poste de la taberna Cebatruenos y amarró su montura; el sonido de juerga que se vivía en el interior se escuchaba desde fuera. Con la misma ilusión de un niño que entra en una juguetería, Sigfreid entró en la taberna y se presentó como correspondía a un hijo de Forjaz.

-¡Cebatruenos, viejo zorro! ¡Sirve una ronda a estos malnacidos, que yo invito!

-¡Ja, Sigfreid, hijo de mala madre! ¡Tienes que probar mi nueva cerveza negra!

Sigfreid tomó asiento, dispuesto a saborear una buena cerveza mientras esperaba a Darnea. Su llegada no se hizo de esperar, y el sonido de las pisadas de su elekk llamó la atención de toda la taberna. Un viejo enano se asomó por la ventana, y tras observar al mastodonte que transportaba a la cazadora dio un grito.

-Eh, Cebatruenos, creo que ha llegado tu mujer.

 

Darnea amarró su elekk al poste y dejó a Zarpas al cuidado del maestro de establos de la ciudad. Acto seguido, entró en la taberna Cebatruenos para buscar a su compañero. Una vez en el interior, la draenei fue testigo de una auténtica juerga enana: el olor a alcohol y las carcajadas constantes inundaban el aire del local, las piernas de dos enanos sedientos sobresalían del interior de un barril de cerveza aparentemente vacío y, por la cantidad de manos ágiles que vio, la camarera seguramente no podría sentarse en varias semanas. Sigfreid, visiblemente afectado por la bebida, salió al paso de la draenei.

-Darnea, ¡vayámonos de aquí antes de que no pueda salir con mis propias piernas! ¡Esta vez a Cebatruenos se le ha ido la mano con el hígado de jabalí!

-Sí…no queremos que nos falle el pulso cuando vayamos a cazar lobos, ¿verdad? -respondió Darnea con voz lúgubre.

-Eh…sí, claro, ¡vamos!

Al salir de la taberna, Sigfreid miró hacia el Sur, nostálgico. Una explosión lejana rompió la magia del momento.

-¿¡Qué ha sido eso!? -preguntó Darnea

-Ah…Hegnar Estruendo, siguiendo el camino te encontrarás con su campo de tiro, que es donde los nuevos reclutas entrenan sus habilidades con los rifles o morteros…y veo que sigue tan ruidoso como siempre.

Sigfreid señaló el Sur.

-Y si siguieras el camino, tras cruzar un paso de montaña plagado de Troggs, te encontrarás con Yunquemar, en el valle de Crestanevada, el campamento donde di mis primeros pasos. Espero que los trols les hayan dejado de dar problemas.

-¿Trols? ¿Hay trols en Dun Morogh? -la cazadora mostró curiosidad.

-Sí, son trols de hielo, y no sé desde cuando llevan habitando la zona, pero parece que se sienten muy cómodos con nuestro clima…

Sigfreid desamarró a su carnero y se montó en él

-Vamos, esos lobos no se cazarán solos.

-¡Sí! -Darnea hizo lo propio con su elekk y marcharon juntos hacia el norte, hasta que llegaron a un río helado, donde Sigfreid pareció recordar algo.

-Antes de ir a Birras, pasemos por la granja de Sempreámbar, que tengo un recado para ellos.

-Claro, pero démonos prisa, por favor.

 

Darnea y Sigfreid aceleraron el paso hacia el este, donde llegaron a un cruce.

-Mira Darnea, si seguimos hacia el Este llegaremos a las excavaciones de la cantera de Gol’Bolar, y si sigues caminando, dejando atrás el Lago de Helm, puedes acceder a los Humedales o Loch Modan. Te ira bien recordarlo, pues desde Humedales salen varias embarcaciones hacia distintos puntos de Azeroth, incluyendo la peligrosa zona de Rasganorte.

-Lo tendré en cuenta, ¡gracias!

Los dos aventureros tomaron una desviación hacia el Norte, y llegaron a una pequeña granja de carneros. Y mientras Sigfreid atendía unos asuntos con el dueño de la granja, Darnea se acercó a observar a las bestias, unos carneros de pelaje prístino y con unas piernas fuertes y robustas. La draenei comprendió el porqué de la fama de aquella pequeña granja, ¡no podían haber en Azeroth mejores monturas para los enanos que aquellas!

El guerrero salió de la edificación tallada en la montaña, que era el hogar de la familia Sempreámbar, y vio a Darnea dando de comer a un carnero color pardo.

-Venga muchacha, vamos a por tus lobos.

-Eh…¡ah! ¡Claro, vamos! -el humor de la cazadora pareció haber mejorado con tras poder tratar con los carneros, a su parecer eran menos tercos que los enanos.

 

Tras desandar su camino, hacia el oeste, finalmente llegaron al Lago Glacial, donde se rumoreaba que vivía la familia de lobos.

-Mira muchacha, ¿ves aquello de allí? ¿dónde las columnas de humo verdoso? Pues aquellos son las ruinas de Gnomeregan, si ves gnomos verdes, no esperes que sean amistosos…¡los productos tóxicos que tenían guardados en su ciudad los volvió locos, y ahora atacan a todo aquello que ven!

-Vaya…pero, ¿no hay modo de ayudarles?

-Bueno, procura que no sea muy lenta su agonía…

-¡Sigfreid! ¡Qué esos gnomos eran parte de la Alianza!

-Formaban, jovencita. Esos mismos gnomos han acabado con la vida de muchos aventureros como tú, así que mejor andate con ojo. En estas tierras se dispara primero y se pregunta después.

Darnea quedó en silencio, pero parecía disgustada con aquella filosofía de vida. Si ella la siguiera, posiblemente Zarpas no se hubiera convertido en su compañero de viajes.

 

Tras unos minutos siguiendo el camino que bordeaba al Lago Glacial, llegaron a la ciudad de Birras, donde los habitantes recibieron a la cazadora con una mezcla de alegría y escepticismo. No paseaban demasiados draenei por la zona, y los enanos eran muy reacios a darse a conocer a las demás razas.

-Bueno Darnea, nuestros caminos se separan aquí.

-Sí, creo que será lo mejor, debes tener muchos asuntos que atender en Rasganorte.

-Sí, y además, por lo que he visto, creo que serás más que capaz de encargarte de esos lobos tú sola.

-Eso espero -Darnea sonrió- Espero que volvamos a vernos, guerrero.

-Claro que sí, pequeña. Y mientas tanto…¡suerte con tus aventuras! -el guerrero dio la vuelta y se fue al trote, sin mirar atrás.

-¡Adiós Sigfreid! ¡Nos veremos en Rasganorte! -y mientras Darnea volvió a ver alejarse a la silueta del guerrero en el horizonte, se dispuso a comenzar su caza…

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