El aire helado y húmedo del puerto acariciaba descaradamente la tersa piel violeta de Bâstet, a la cual parecía agradarle aquella sensación tan refrescante.

El maestro de muelles, un gnomo de edad avanzada que se servía de unos anteojos para ver con claridad, saludó a la chamán.

Ten cuidado, jovencita, que el mar está muy embravecido.

¡Gracias! Lo tendré en cuenta -respondió Bâstet con una dulce sonrisa.

Aquel aviso desanimó a la draenei, pues le apetecía pasear por mar abierto un rato, así que se conformó con caminar por el borde de la orilla hasta una cala cercana que hubo visto durante el amerizaje del Kraken.

El olor a agua salada por los acantilados era más fuerte que en el puerto de Denuedo, lo que obligaba a Bâstet caminar con la nariz arrugada y los ojos entornados. Varias veces aquel olor tan fuerte le produjo algún estornudo.

Tras unos minutos caminando pausadamente, la draenei se sobresaltó, pues sintió algo rozándole la parte inferior de su pezuña. Bâstet hubo escuchado la historia de los enormes tiburones de los mares del norte, y temió perder la pierna antes de siquiera pestañear.

Por fortuna tan sólo se trataba de un pargo que había confundido la planta de su pezuña con un manojo de algas, e intentaba sin éxito darle pequeños mordiscos.

La chamán no pudo evitar reír a las cosquillas que le producía aquel pequeño pez, por lo que se inclinó hacia él para poder verlo mejor, pero el pescado notó movimiento y se alejó mar adentro. Bâstet lo miró alejarse con una sonrisa divertida dibujada en sus labios.

Pero también vio otra cosa.

Una figura humanoide se encontraba en el fondo del mar*1, parecía estar forcejeando con una roca, por lo que Bâstet decidió utilizar su conjuro de respiración acuática y acercarse a aquella persona, pues tal vez estuviera en peligro.

Mientras nadaba hacia el desconocido, Bâstet descubrió que aquella figura humanoide era un buzo, por lo que no parecía que tuviera problemas con la falta de oxígeno. Y lo que parecía una roca, era realmente una almeja gigante.

La chamán quedó a la expectativa de aquella situación, pues sentía curiosidad de como haría el buzo para abrir aquella concha tan resistente. El buzo había comenzado introduciendo una pequeña palanca en una de las rendijas de la boca de la almeja, luego, pareció introducir unas pequeñas esferas, conectadas entre si por un hilo metálico, en el interior de la almeja.

Segundos después, el buzo se alejó con uno de los extremos del hilo de cobre todavía en sus manos, y se escondió tras unas rocas. Bâstet se extrañó tanto, que se acercó en dirección al misterioso submarinista. Entonces, la chamán fue embestida por la fuerza de una explosión próxima: la almeja había sido detonada.

Tras unos instantes, la draenei recuperó el sentido, e intentó recordar que había ocurrido. No fue necesario mucho tiempo, pues lo primero que vio al despertar fue los restos de la cáscara de la almeja que aquel salvaje había hecho detonar. Indignada por aquel barbárico acto, la chamán comenzó a recoger los trozos de cáscara para que, al menos, los restos mortales de aquella almeja permanecieran lo más juntos posibles.

Apenas tardó cinco minutos en recoger los pedazos, que fue depositando uno a uno en lo que había sido la base de la almeja gigante, pero al ir depositándolos, se dio cuenta de dos cosas: Había más pedazos de lo que había imaginado y los habían de distintos colores

Imaginándose lo peor, Bâstet salió a la superficie, pues las frías aguas del norte ya la habían entumecido bastante, además de que recordó el aviso del maestro del embarcadero, y no quería vérselas con las traicioneras corrientes marinas.

Una vez en la superficie, se dirigió a la parte superior del acantilado, y uso su poder de Visión Lejana para contemplar el fondo marítimo. Sus sospechas se confirmaron al instante: más de un centenar de almejas habían sido brutalmente detonadas.

Frustrada por aquella visión, decidió buscar a los culpables de aquello, pero antes necesitaría volver en calor, así que buscó un lugar apartado y usó su poder sobre el fuego para convertir un tocón seco en una agradable hoguera, que la secó e hizo entrar en calor en pocos minutos.

Agradecida por sentir correr la sangre de nuevo por la punta de sus dedos, Bâstet invocó de nuevo su don de Visión Lejana para buscar los responsables de aquella masacre. No tardó mucho en encontrar un pequeño campamento en la cala, donde unos humanos y enanos cargaban dos barcas bastantes deterioradas con un misterioso cargamento.

Os pillé– murmuró la chamán visiblemente enfurecida y dispuesta a cargar contra aquellos vándalos.

¿Te vas a lanzar allí sin más? -una misteriosa voz se escuchó desde unas rocas próximas al improvisado campamento de Bâstet, parecía que le habían estado observando.

¿Dónde estás? ¡Muéstrate! -preguntó la chamán mientras recogía su maza y escudo, dispuesta a lo peor.

Un majestuoso cuervo surgió de entre las rocas donde Bâstet hubo escuchado aquella voz. Debía tener el doble del tamaño habitual de un cuervo y en su plumaje se podían apreciar símbolos tatuados que Bâstet hubo visto en algunos Círculos Druídicos de Darnasssus: aquel cuervo era un Druida de la Garra.

No temas, he venido a ayudarte -mientras pronunciaba aquellas palabras, el cuervo cambió su forma y se convirtió en un elfo nocturno- Soy del D.E.H.T.A., una organización druídica que lucha por el uso ético de los animales por parte del hombre. ¿Quieres lanzarte ahí en medio, masacrar a unos desgraciados -o morir en el intento- y olvidarte de este asunto? ¿O prefieres ayudar de verdad a la naturaleza?

La draenei miró con escepticismo al druida, pues aquel discurso le parecía bastante dogmático. No obstante, decidió darle una oportunidad.

Explícate.

Estupendo -el elfo esbozó una fina sonrisa- Soy Lathorius, encantado de conocerte, chamán. Sígueme al campamento D.E.H.T.A.

Mi nombre es Bâstet, encantada.


A media jornada de camino desde la fortaleza Denuedo, se encontraba un pequeño campamento formado por unas pocas tiendas de viaje y unos modestos bancos de madera tallada, en aquel campamento improvisado habitado por un grupo de druidas, tanto taurens como elfos nocturnos, y algunas driadas: era el campamento D.E.H.T.A., un cuyo centro se alzaba una estatua de piedra que representaba la figura de un enano.

Bienvenida a nuestro campamento, Bâstet -Lathorius invitó a la chamán a entrar en el círculo que formaban las tiendas- ponte cómoda.

La chamán eligió uno de los bancos de madera y se sentó en él. Era un tanto incómodo, pero tampoco tenía pensado pasar mucho tiempo allí. Aunque aquello le sirvió para descubrir que el elfo gustaba de usar eufemismos.

Bien -preguntó la draenei- contadme cual es el problema.

Hemet Nesingwary es nuestro problema -una driada, de cuerpo bien formado y con los músculos perfectamente marcados, se adelantó un par de pasos y tomó la palabra. Su rostro estaba pintado con marcas de guerra y sostenía una lanza de punta cruelmente afilada.

¿Hemet Nesingwary? ¿El famoso cazador? -la chamán estaba anonadada, pues recordó sus encuentros con él y con su hijo, y los tenía como un buen recuerdo. Fue entonces cuando observó la estatua del enano que había en el campamento, y observó que, si no fuera porque había sido medio destrozada por métodos violentos, aquella estatua era una imagen fiel del famoso cazador enano.

Sí, ¿puedes creerte que cazan animales para el comercio de sus pieles? ¡Incluso trafican con las perlas de las almejas! ¡Han perdido todo el respeto por lo que nos ofrece la Naturaleza!

Bâstet meditó un momento aquellas palabras, si bien era cierto que algunos cazadores podían utilizar métodos poco ortodoxos para sus fines y por ello merecían un castigo, no todos eran unos asesinos sedientos de sangre. Había que cazar, pero con moderación. Sin ir más lejos, Bâstet, como buena joyera que era, había buceado en busca de perlas más de una vez.

Así pues, Bâstet decidió que, para empezar con buen pie su relación con aquel grupo de druidas, debía sincerarse y dar su punto de vista. Supuso que serían comprensivos con aquellos que cazaban con responsabilidad.

Veréis chicos, yo creo que…

¡Un momento! ¡Mirad allí! -la driada le interrumpió, señalando hacia un trol que estaba limpiándose la planta del pie rascándola contra una piedra lisa. Parecía que había pisado algún tipo de ratón silvestre.

¡Por la mano de ¿Elune?! ¡Es un cazador! -señaló otro de los druidas.

¡Es un asesino! ¡¡¡A POR ÉL, MATADLO!!! -cambiando el rostro sereno que Bâstet hubo visto hace unos segundo, por uno digno de el orco vil más sanguinario, Lathorius cargó junto a sus compañeros contra el sorprendido trol, que apenas tuvo tiempo de decir el equivalente trol de “Oh, mierda”

Un minuto de golpes, mordiscos, e incluso alguna patada después, el grupo de D.E.H.T.A. se alejó del montón sanguinolento que había sido hace unos segundos el trol.

¿Qué ibas a decirnos Bâstet? -preguntó la driada, quitando algunos trozos de carne de la punta de su lanza.

Que la caza es un crimen horrible, por supuesto. -la serenidad en las palabras de la chamán no tenía nada que envidiar a la de el Naaru más curtido.

Bien, ¡pues empecemos! ¿Ves aquel lago? -la chamán asintió- Pues es el lago Kum’Uya, y los miembros de la Expedición Nesingwary han establecido allí su centro de operaciones de la zona, ¡debes ir allí y acabar con su líder, el cazador Nedar y con cuantos puedas de sus secuaces!

Bâstet suspiró, no sabría contar cuantas veces había escuchado eso. Estaba harta de elegir un bando e ir a destrozar a otro. Y encima esta vez era un conflicto entre unos cazadores desconsiderados y un grupo de ecologistas sanguinarios. Esta vez no quería luchar por un bando, quería hacerlo a su manera.

Bueno, aunque estoy a favor de vuestra lucha vuestros métodos no me parecen los más adecuados, y…

Te pagaríamos 80 piezas de oro y una maza que aumentará tu poder sobre los elementos.

Me habíais dicho el Kum’Uya, ¿verdad? Vuelvo enseguida *2-la chamán tomó la forma de un lobo espiritual y marchó hacia el lago.



Mientras se acercaba al Kum’Uya, Bâstet agradeció la existencia de las recompensas. Era como ir a la casa de subastas de Exodar, cuando no sabías que elegir, simplemente comparabas precios.

Cuando estaba a apenas trescientos pies de distancia del lago, la chamán escucho un extraño sonido. Parecía un aullido de dolor, pero muy débil, por lo que decidió acercarse a la fuente de aquel sonido. Unos metros de distancia le permitieron ver una atrocidad: una cría de mamut estaba atrapada en un cepo de metal, y su pierna sangraba abundantemente.

Asustada por la situación, la draenei se olvidó del sigilo y se apresuró a ayudar al pequeño mamut, que no tenía fuerzas siquiera para reaccionar frente a la presencia de la chamán, aunque aquello tampoco hubiera importado, pues Bâstet parecía llevarse bien con todo tipo de animales*3, como si su presencia fuera tranquilizadora para las bestias.

Una vez comprobó que aquel cepo no podía abrirlo con su fuerza, la chamán decidió utilizar su Choque de Escarcha para congelar el mecanismo que hacía presión sobre la pierna del animal. Con mucho cuidado utilizó su hechizo y congeló un muelle y parte de un pistón de la trampa, un golpe con su maza bastó para hacer añicos aquel mecanismo.

La cría de mamut dio un suspiro de alivio, pero su respiración era cada vez más débil, así que lanzó un conjuro curativo sobre su pierna. La luz verdosa de la magia natural penetró en la herida, restaurando el hueso, músculo, carne y piel de la pierna herida. El pelo no creció, pero ya lo haría con el tiempo.

La respiración del animal se volvió más estable y, en apenas unos segundos, abrió los ojos y se puso en pie. Inmediatamente se quedó mirando a Bâstet, que no podía borrar su sonrisa al ver los enormes ojos de aquella criatura tan encantadora, al verle en pie le recordó a una de sus mascotas, Cacahuete, la cría de elekk. El mamut se acercó a ella y rodeo su cintura con su pequeña trompa, apoyando su cabeza en el vientre de la draenei y lanzando unos gruñidos complacientes.

Venga pequeñín, que tu mamá te estará buscando -la chamán se puso en pie y le acarició la cabeza- ¡corre, venga!

El mamut, más inteligente de lo que parecía, comprendió al instante que aquel lugar era peligroso, y se alejó al trote, lanzando un pequeño barrito en forma de despedida.

Adiós pequeño, ya crecerás algún día y podr…ugh -un golpe sordo y húmedo fue lo último que escuchó la chamán. Al parecer el ruido que provocó su encuentro con el mamut alertó a algunos cazadores furtivos, que la acecharon hasta que le pudieron noquear con un golpe seco en la nuca. La cría de mamut se estremeció al contemplar la escena, y se alejó al galope. Un orco y un humano se alzaron frente al cuerpo inerte de la draenei.

¿Cojemos a la cría? -preguntó el humano.

Bah, tenemos muchas trampas, ya cazaremos a otra…¡esta tundra está plagada de esos bicharracos! -el orco mostró una sonrisa satisfecha repleta de afilados colmillos.

Je…tienes razón, ¿y qué hacemos con esta? -volvió a preguntar.

La llevamos al jefe, y que decida. Parece una elfa de esas de la D.E.H.T.A. de las narices, aunque es un poco más azul de lo habitual, ¿no? -parecía que ninguno de los dos hubo visto nunca una draenei.

Sí…pero mira esas pezuñas, parecen de driada. Mejor no corramos el riesgo… -el humano cargó con ella y ambos cazadores se dirigieron al campamento base.

Minutos después, Bâstet recuperó de nuevo el conocimiento, puso su mano en la nuca y notó su cabello pegajoso, se miró la mano y la vio impregnada de sangre. Tras echar un vistazo rápido a su alrededor se dio cuenta que estaba metida en una jaula. Pero lo peor era que su equipo y posesiones habían desaparecido.

Tranquila, si te levantas de golpe te marearás -un hombre de edad avanzada, pero de cuerpo robusto, se encontraba sentado frente a la jaula de Bâstet, estaba jugueteando con unas llaves- toma aire y dime, ¿qué hacías acechando mi campamento?

La chamán reaccionó a aquellas palabras y recordó lo ocurrido- ¿Eres Nedar?

Jajajaja, lo que sospechaba, otra aventurera enviada por esos come-hierbas de la D.E.H.T.A. Sí, soy Nedar, y ahora, tú eres mi trofeo -un leve murmullo se escuchó en la lejanía, parecía que iba a haber tormenta.

La chamán no pareció inmutarse, pero sus orejas se movieron ligeramente- ¿Así qué no soy la primera?

No -respondió el cazador- He capturado ya a algunos incautos que, como tú, se dedican a meter sus narices en nuestros negocios…pero al final, uno aprende que en esta vida lo importante es convertir los problemas en oportunidades y, bueno…creo que los piratas del norte pagarán bien por una nueva esclava en sus tabernas. -un guiño cómplice y una sonrisa llena de sarro acompañaron a aquellas últimas palabras.

Ah…ya veo… ¿entonces, seré una esclava? ¿De qué tipo? -la voz de Bâstet se tornó tan melosa, que se podían haber pintado las paredes con ella, y mientras decía aquellas palabras, la pequeña cola de la bella draenei se movió sinuosamente, como la cola de un gato juguetón.

Jejeje…ya lo verás, jovencita… -el viejo se acercó a la jaula y tomó a la chamán por la barbilla y la observó con la misma lujuria del experto joyero que contempla un diamante del tamaño del puño.

¿Y porqué no me enseñas? Ahora. -la voz de Bâstet fue bajando más y más el tono, hasta convertirse en apenas un susurro, así que poco a poco se fue alzando hasta que sus cabezas estuvieron a la misma altura. El olor a alcohol en el aliento del cazador era más que evidente.

Claro, pequeña -Nedar acercó sus labios a los de la draenei, pero antes de que estos se encontraran, una pezuña más dura que una barra de adamantita aplastó la virilidad del traficante. Antes de que pudiera sentir el dolor, la chamán ya le había quitado las llaves de la jaula. El murmullo lejano parecía acercarse más.

¡¡¡Aagh!!! ¡Maldita zorra! ¡Te arrancaré la piel a tiras por esto! -el hombre se dirigió a un gran baúl que se encontraba en la pared occidental de la tienda, y comenzó a rebuscar en su interior un arma- ¡En cuanto salgas de la jaula te haré trizas!

Oh, no, no. No tengo pensado salir de la jaula aún -la chamán acarició los barrotes de la jaula- este metal parece seguro.

¿Seguro? ¡Te puedo pegar un tiro, estúpida! -el cazador arrojó al suelo una gran hacha que había sacado del baúl y sacó un mosquete, el cual empezó a cargar. El murmullo del exterior comenzó a convertirse en un ruido ensordecedor mezclado con gritos.

No lo entiendes, ¿verdad? -la chamán se agarró con fuerza a los barrotes de la jaula y sujetó las llaves de la jaula con los dientes- Estás en peligro de extinción.

Antes de que Nedar alzara su mosquete, el sonido de medio centenar de patas de mamut adulto ahogaron las palabras de Bâstet. Un enorme colmillo de mamut rasgó la tela que formaba la tienda en la que se encontraba Bâstet, y tanto cautiva como celador contemplaron como más de dos docenas de mamut habían comenzado una estampida contra el campamento. Los cazadores que no habían sido ya arrollados, se habían lanzado al lago o estaban siendo perseguidos*4.

Uno de los mamut embistió la jaula donde se encontraba Bâstet, arrojándola al lago. Antes de poder siquiera disparar su arma, el mismo mamut atravesó a Nedar con uno de sus colmillos y arrojó su cuerpo varios metros al norte, donde fue arrollado por otro mamut.



Bâstet pudo invocar su poder de respiración acuática antes de caer al Kum’Uya, lo cual le permitió abrir la estropeada cerradura de su jaula con calma. Al abrir la jaula e ir a la superficie, se dio cuenta que habían tres cazadores que se habían librado de la estampida sumergiéndose en el lago. Parecía que no le habían prestado atención, por lo que nado hacia la orilla.

La visión del campamento era aterradora, decenas de cuerpos sanguinolentos por doquier era lo único que pudo contemplar Bâstet*5. A lo lejos, la figura de un pequeño mamut se alzó, como saludándola. La draenei le devolvió el saludo.

Oye, ¿qué demonios ha pasado? ¿Por qué ha ocurrido esto? -uno de los cazadores que nadaban en el lago parecía no acabar de creerse lo ocurrido.

Pues lo que ocurre es que ahora vosotros seréis mi trofeo -los dedos de la chamán se iluminaron con un resplandor azulado, dando a su rostro un aspecto amenazador- No es nada personal.

El sonido de un relámpago impactando contra el Kum’Uya se escucho por gran parte de la Tundra Boreal, acompañado con el grito agónico de tres infelices que habían elegido un mal momento para darse un baño.



Ya estaba anocheciendo cuando Bâstet llegó al campamento D.E.H.T.A, llevaba consigo un fardo hecho con un retal de una tienda de campaña que goteaba sangre. Sin dirigir palabra a nadie, dejó caer el fardo ante Lathorius. El fardo contenía la cabeza de Nedar y al menos tres docenas de orejas, todas ellas la de la parte derecha de la cabeza.

Vaya, enhorabuena Bâstet, has hecho un trabajo impecable, te daremos un suplemento por las orejas -el druida ofreció a la chamán dos bolsas repleta de oro y una funda que contenía una maza que brillaba con una luz azulada.

Y recuerda -añadió la driada- los siervos de la naturaleza hemos de proteger a los animales.

La draenei dirigió una mirada fría a la driada- Vosotros menospreciáis el poder de la naturaleza, no sois mejores que los cazadores de Nesingwary.

Ante la mirada atónita de los druidas, Bâstet recogió las bolsas de dinero y la maza y se alejó del campamento, no sin antes lanzar una advertencia- Recordad que el mundo de los hombres está unido al de la naturaleza, os guste o no. Atacadles, y os convertiréis en mis enemigos -y con aquellas últimas palabras, la chamán regresó a la Fortaleza Denuedo, dispuesta a encontrarse con los suyos.



*1: Matarilerilerile~
*2: De nuevo, la codicia de la chamán le tomó el turno de habla a su razón.
*3: Aquello era lo único que explicaba su buena relación con Sigfreid y Mäggno.
*4: Y por la velocidad que habían alcanzado los mamut, los infelices pronto correrían la misma suerte que sus compañeros.
*5: Realmente no habían tantos cuerpos, pero el grosor que habían adquirido les hacían fáciles de confundir con los restos de las tiendas de campaña.
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